¿Cómo fue el segundo proyecto?
El segundo sorteo nació de la misma convicción que arrancó todo: que cualquier persona pueda tener su propia chata al piso, sin importar de dónde venga ni cuánto tenga en el bolsillo.
Esta vez quisimos ir un poco más lejos. Además de trabajar la suspensión para bajar la camioneta, encaramos la modificación de los guardabarros para lograr un resultado más agresivo y prolijo. Cada milímetro importa cuando querés que la camioneta quede con esa presencia en la calle que te para el tráfico.
El proyecto nos permitió mostrar que con las modificaciones correctas, una chata de todos los días se convierte en algo que llama la atención donde va. Y Ismael, desde Córdoba, fue quien se llevó ese trabajo a casa.
